Para iniciar su segunda administración, Donald Trump endureció la política exterior al recortar los fondos de USAID (United States Agency for International Development). Para reforzar este mensaje, el secretario Marco Rubio visitó países beneficiarios de esta ayuda para suspender proyectos de cooperación. En este escenario, Manfredo Marroquín analiza el impacto de esta decisión en la democracia guatemalteca y la sociedad civil.
Marroquín es licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Rafael Landívar, y cofundó Acción Ciudadana en 1996. Su trayectoria se ha centrado en la auditoría social y la observación electoral, participando en distintos procesos para garantizar la transparencia y acceso a la información pública. Además, se ha consolidado como representante en la lucha contra la corrupción en Guatemala.
La Casa Blanca argumentó que USAID canalizó grandes sumas de dinero hacia proyectos “innecesarios”. ¿Cree que estas críticas tienen fundamento o responden a una agenda política conservadora?
Esta política del actual gobierno de Trump se traduce en que Estados Unidos está renunciando a ser el poder mundial que solía ser: la principal potencia. Porque estas vías de apoyo, cooperación, y de financiamiento le daban influencia en muchos países. Prácticamente cubrían todo el mundo.
Esto era una forma de lo que llaman en inglés “soft power”, una manera de tener presencia en los países. Esto les permitía ser un actor que puede opinar en los gobiernos de todo el mundo. Pero, al eliminar la cooperación, renuncian incluso a tener voz siquiera. Prácticamente, se volverán como cualquier país pobre que no tiene poder. Solo tienen su voto en las Naciones Unidas, pero no más que eso.
Respecto a los programas que gastaban en cosas que no le gustan a la gente que está ahora en el poder en Estados Unidos: eso es discutible. Eso lo pudieron haber discutido ellos en su país, de una forma más civilizada, para hacer una reforma o recortes. Pero, lo que hicieron fue amputar la cooperación. Y eso es en contra de ellos mismos. No es tanto lo que van a perder otros países como lo que ellos mismos están perdiendo.
Varios individuos califican la ayuda de USAID como intervención extranjera. ¿Cree que esta inversión tuvo impacto en la política del país, influyendo en el gobierno?
Hubo temas que sí tuvieron un impacto y buenos resultados, y muchos otros que no. Por ejemplo, se hizo mucha inversión en el tema de justicia y la reforma judicial. Y aún tenemos una justicia tan mala como la de muchos años. Ahí se invirtieron miles de millones de quetzales.
Hay que recordar que USAID financió lo que el MP (Ministerio Público) llamó la descentralización: pusieron oficinitas y kioscos en todos los municipios del país. ¿Y eso de qué sirvió? Está bien poner una oficina. Pero, si no ha mejorado la institución ni su imagen ante la población, pues es una inversión realmente inútil.
Hay de todo. Hubo temas de salud que tuvieron mucho éxito, como vacunas, y la prevención de ciertas enfermedades. Algunas incluso se llegaron a erradicar. Pero hubo programas realmente malos.
¿Cómo podría verse afectado el financiamiento a organizaciones de participación ciudadana y democracia en el país, dado el contraste ideológico entre el gobierno estadounidense y el guatemalteco?
La cooperación de gobierno a gobierno va a seguir en los temas de seguridad, migración, y lucha contra la droga. Porque estos son tópicos que le interesan directamente a Estados Unidos. Esos programas van a seguir, pero son de gobierno a gobierno.
Pero, mientras esté el gobierno de Trump, ya no va a regresar el financiamiento a sociedad civil, democracia, derechos humanos, LGBT+, y ambiente. Esto es porque ya recortaron a los proyectos que había.
También, ya eliminaron la institución a través de la cual se canalizaban esos fondos, que era USAID. Volver a hacer eso y aprobar un nuevo canal de distribución de la ayuda, va a tomar décadas. Este tema tendrá que ir otra vez a una discusión al congreso estadounidense. Entonces, ese financiamiento ya no va a volver.
Y las organizaciones, que antes recibían fondos de USAID, tienen que buscar nuevas fuentes de financiamiento. Van a tener que ser muy creativos para lograr sobrevivir, porque esos fondos ya no van a volver.

Reflexionando sobre la crisis financiera que generó la suspensión de los fondos, ¿cómo pueden fortalecerse las ONG para no depender únicamente de una fuente de ingresos externa?
Ahí considero que el gobierno de Guatemala también debería tener una política clara. En este momento, no tiene ninguna respecto a financiar organizaciones de sociedad civil.
Por ejemplo, todos los años, el Congreso le asigna fondos a las ONG de salud que trabajan temas de cáncer, SIDA y diabetes, aunque esto no es una política. Esto ha permitido que estas entidades tengan mucha trayectoria.
Pero, en el tema de democracia y participación ciudadana, no hay regulación. Entonces, el gobierno ahí tendría que cerrar la brecha para apoyar iniciativas de este tipo.
Por otro lado, hay que destacar la autosostenibilidad de las ONG, es decir, que generen ingresos propios. Esto se puede lograr ya sea a través de lo que llaman “crowdfunding”, que son donaciones individuales. O bien, que estas instituciones comiencen a vender servicios. Muchas de las actividades que hacían en este momento, ahora las deberían de vender.
Por ejemplo, hay muchas ONG que tienen buena información. Se me ocurre que pueden hacer un boletín informativo de un tema y venderlo por suscripciones. Hay muchas opciones, pero tienen que ponerse creativos.
¿Cómo han respondido las ONG afectadas en estos primeros 90 días sin financiamiento, y qué estrategias podrían implementar para continuar operando?
Las organizaciones no se encuentran en el limbo. Las instituciones ya recibieron la carta donde les confirmaron la suspensión total de sus proyectos. Eso de los 90 días no fue así. Ellos dijeron eso, pero, en la práctica, fue una cancelación de los fondos. Ya la mayoría recibió la carta de que su proyecto ya no iba a ser financiado.
Entonces, el primer impacto fue el desempleo. La mayoría de esas ONG emplean personas para ejecutar esos programas y proyectos.
Y tuvieron que recortarlos porque ya no tenían cómo pagarles. Tuvieron que abandonar las oficinas, porque alquilaban algún local o un espacio, pero ya no tienen cómo pagarlo.
Además, deben afrontar compromisos de pago a proveedores que ya les habían prestado el servicio, pero no les habían remunerado. Y, ahora, no tienen cómo pagarles. En esos casos, creo que USAID, que se hará responsable en Estados Unidos, sí va a pagar esos costos ya comprometidos. Pero, para que esto ocurra, van a pasar meses. A las organizaciones las tiraron a la piscina, y no saben nadar. Tienen que patalear y ver cómo flotan.
Dado que Guatemala no cuenta con proyectos que puedan absorber a estos profesionales, ¿qué impacto tendrá esta crisis en términos de desempleo y fuga de talento?
Va a afectar bastante porque, efectivamente, hay mucha gente bien calificada en estas ONG, individuos que son expertos en sus temas. El gobierno guatemalteco debería estar construyendo un programa para absorberlos. Esta idea ya la están viendo en Estados Unidos.
China, en este momento, está contratando a exfuncionarios de USAID, personas que ha despedido el gobierno de Estados Unidos. Porque estos individuos poseen información que les interesa.
El problema en Guatemala es que está muy desvalorizado el trabajo que hacen las ONG. Y se percibe de esa manera por los políticos y ciertas élites. Como su trabajo ha trastocado y ha afectado a las personas de poder en el país, entonces las instituciones son vistas con desconfianza o como agentes de intereses extranjeros. Pero, esto no es así. Estas entidades, en su mayoría, tienen un trabajo legítimo. Obviamente, han de haber algunas que no, pero creo que son la excepción.
Pero, la suspensión de USAID va a llevar a una recomposición de este sector, que va a tardar años en recomponerse y en buscar nuevas mascarillas de oxígeno. Las organizaciones van a tener que ver de dónde obtienen ese oxígeno para seguir haciendo su trabajo.
Lo que sí es cierto es que no va a desaparecer esta labor. Esto se debe a que, seguramente, habrá mucho más voluntariado. Personas que van a continuar operando, pero no necesariamente a cambio de un salario. Los exempleados van a buscar empleo en donde les paguen y los fines de semana tal vez van a realizar el trabajo que antes hacían pagado. Hay mucha gente comprometida, por lo que siempre va a existir este trabajo.
El contexto local indica que el financiamiento interno responde a intereses políticos, lo que limita la independencia de las ONG. A su punto de vista, ¿cómo puede Guatemala avanzar en democracia y participación ciudadana sin el respaldo de la cooperación de USAID?
Considero que sí van a haber avances todavía. Esto se debe a que hay fondos de fundaciones privadas en Estados Unidos, que trabajan temas de democracia y derechos humanos. Estas entidades y fondos no van a dejar de existir.
Entonces, las organizaciones en Guatemala van a tener que ir en búsqueda de esos fondos. Antes tal vez no los volteaban a ver porque tenían cubiertas sus necesidades con el dinero de USAID. Pero van a tener que ir a buscar esas opciones en fundaciones privadas de Estados Unidos y Europa.
Una parte significativa de los fondos de USAID en Guatemala se destinaba a proyectos de gobernanza, derechos humanos y democracia. Sin ese financiamiento, ¿qué tan vulnerable se encuentra el país ante un posible retroceso democrático y debilitamiento de la sociedad civil?
Al otro sector que va a afectar mucho este recorte es a la prensa. Sobre todo a los medios virtuales, como Plaza Pública y No Ficción, aunque hay varios. Todos ellos tenían fondos de USAID, directa o indirectamente. Y eso sí va a afectar mucho. Yo creo que vamos a ver una desaparición de buenos medios virtuales.
Y, efectivamente, esto va a afectar el escrutinio sobre el poder político. Porque, lo que hace la prensa independiente y también muchas organizaciones, es cuestionar a los funcionarios y entidades públicas. Eso seguramente sí va a tener un bajón. Los políticos son quienes se alegran de esto.
Dada esta situación, muchos países han implementado leyes restrictivas para que las ONG reciban fondos del extranjero. Porque los políticos se sienten más a sus anchas gobernando sin que alguien los esté cuestionando. Entonces, sí se va a ver afectada la calidad de la democracia con este recorte.
Ante la reducción de proyectos, medios y organizaciones que promovían el escrutinio y la auditoria social, ¿qué puede hacer la sociedad civil en Guatemala para continuar impulsando la democracia y la gobernanza?
La sociedad civil tiene que ser muy creativa y no abandonar la misión. Creo que muchas organizaciones, aunque no tengan fondos, van a tener que buscar la forma de sobrevivir, seguir cumpliendo con su labor y sacar fuerzas de donde haya.
En Guatemala no existe la cultura del “crowdfunding”, que son las donaciones individuales a causas. Hay que explorar más esto.
Hay que hacer más campañas para sensibilizar a la gente para que pueda donar. En los supermercados, por ejemplo, a veces cuando van a dar un vuelto en centavos, te dicen, "No lo quiere donar para la fundación”.
Estas son fundaciones de caridad: de niños y ancianos. Pero, no hay para democracia, gobernanza y derechos humanos. Estos temas están satanizados por las élites. Entonces, yo diría que sí hay que trabajar esto, pero va a llevar tiempo.