El MARN y la basurocracia
Los guatemaltecos cargan con las consecuencias de un sistema descoordinado.
Los guatemaltecos cargan con las consecuencias de un sistema descoordinado.
Cuando me uní a un voluntariado de reciclaje en mi primer año de universidad, descubrí que no se trata sólo de aplicar las “3 R”. Al principio, todo mi conocimiento provenía de los datos que compartían las coordinadoras, dos estudiantes de Ingeniería Ambiental.
Pero una de las lecciones que aprendí hurgando basura es que la experiencia es la maestra más dura. Puedo asegurar que, si no agarras con cuidado un tetra pack, lo siguiente que verás salpicar sobre tus tenis son grumos de leche podrida.
Estos recuerdos me llevan a pensar: si ni siquiera a los universitarios nos enseñan los detalles del reciclaje, ¿qué se puede esperar del resto del país?
El lunes 21 de julio, en conferencia de prensa, autoridades del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) comunicaron los avances obtenidos en las mesas de diálogo sostenidas con la municipalidad de Guatemala y recicladores de los vertederos metropolitanos.
En febrero de este año debía ponerse en marcha el Reglamento para la Gestión Integral de los Residuos y Desechos Sólidos Comunes (Acuerdo Gubernativo 164-2021). Sin embargo, tras inconformidades y bloqueos de los recolectores, se retomaron negociaciones.

Once reuniones después, las reformas aprobadas incluyen el reconocimiento de la labor de los recicladores y la autorización para que los municipios del área metropolitana clasifiquen sus desechos en dos categorías: orgánico e inorgánico. No obstante, la implementación de estas modificaciones tomará entre dos y tres meses.
A mi criterio, el mayor obstáculo para el reciclaje en Guatemala es la falta de unidad entre las partes involucradas.
El Acuerdo Gubernativo 164-2021 promueve, desde las municipalidades, la clasificación de desechos en dos categorías: primaria (orgánico e inorgánico) y secundaria (orgánico, reciclables y no reciclables). Sin embargo, el documento no menciona el trabajo de los recicladores y recolectores. Esta falta de comunicación ha ralentizado el proceso. ¿De qué sirve tener una normativa si los principales actores no están coordinados?
El estudio “Impacto de la generación de desechos sólidos en Guatemala” explica que los recolectores, desde sus camiones, seleccionan los desechos con valor para reciclaje. Después, los recicladores revisan esos artículos para determinar cuáles pueden vender a empresas interesadas. Es lógico que este sector busque reconocimiento.
En el mismo texto, la autora Jacqueline Rodríguez señala que el Acuerdo Gubernativo 164-2021 debía entrar en vigor en agosto de 2023. No obstante, se otorgó una prórroga hasta febrero de 2025 para trabajar reformas al artículo 12. A mi parecer, los gobiernos anteriores no han mostrado urgencia para implementar su propia normativa. A esto se añade la ausencia de una campaña de comunicación de amplio alcance que eduque a la población.
Hagamos un cálculo: el gobierno se tomó un año para modificar un artículo. ¿Realmente el MARN incorporará, en tres meses, todas las nuevas anotaciones recopiladas? Dudo que el problema de la basura pueda esperar otros dos años.

Según el artículo “Análisis de la generación de desechos sólidos en Guatemala”, para los 5.1 millones de ciudadanos del área metropolitana, solo existen dos vertederos: el Sitio de Disposición Final de Zona 3, y el relleno sanitario en Villa Nueva, administrado por la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Amatitlán (AMSA).
Estos basureros no sólo reciben desechos de la capital. La autora detalla que otros 14 municipios, así como empresas privadas, transportan su basura a estos sitios.
El estudio “Impacto de la generación de desechos sólidos en Guatemala” cita datos de la Fundación The Ocean Cleanup. En marzo de 2023, firmaron un convenio de cooperación con la municipalidad de Guatemala para reducir la basura en el río Motagua. La fundación confirmó que, en el río de Las Vacas, flotan entre 10 y 30 millones de plásticos. Esto equivale a diez veces la cantidad total que Estados Unidos vierte en el océano.
Considerando estos datos, como ciudadanos, ¿por qué ignoramos nuestro deber cívico y seguimos dependiendo de un gobierno que no puede resolver este problema por sí solo? Al final del día, el reciclaje es una práctica colectiva. Separar la basura es una forma de expresar que deseamos un país más limpio.
El verdadero cambio vendrá cuando población y autoridades trabajen como un solo equipo. Mientras tanto, hay que seguir separando la basura con la esperanza de que alguien la encuentre y haga lo correcto.